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viernes, 26 de agosto de 2011

Pueblos no contactados y petroleras (parte II)












INTRODUCCIÓN

Estamos celebrando los 500 años de la llegada de los primeros dominicos a América. Son 500 años en los que sin lugar a dudas, habrá habido de todo, cosas muy loables y otras no tanto. Pero para nosotros, el celebrar los 500 años de esta presencia tiene el profundo sentido de recordar la fuerza y espiritualidad con la que aquellos primeros dominicos se enfrentaron ante la realidad de un continente que estaba siendo conquistado, expoliado, y en muchos lugares exterminado y lo que es peor, pretendiéndolo justificar como una obra evangelizadora y redentora.

Ante esta situación no faltaron los que se sumaron al status quo, pero tampoco los que pusieron todo el empeño en intentar revertir las cosas sin importarles el perder sus privilegios y complicarse la vida por defender, con el Evangelio en la mano, a los pueblos que estaban siendo masacrados. Pocos gritos en la historia de la humanidad habrán sonado con tanta fuerza y retumbado posteriormente con tanto eco como el de Antonio de Montesinos, Pedro de Córdoba y su comunidad dominicana. Cruzó el océano levantando no pocas ampollas, y ganó adeptos que hicieron que su eco cambiara el curso de nuestra historia para siempre: Bartolomé de las Casas, Francisco de Vitoria, Derecho internacional, Declaración Universal de los Derechos Humanos, Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas. Aquel grito fue sencillo, pero potente. Rezaba así: “¿Acaso no son hombres? ¿Acaso no tienen alma racional como ustedes?”.

Pues bien. Hoy, 500 años después, en un pequeño rincón de la selva amazónica, ese grito ha vuelto a pronunciarse. Se ha hecho en otro idioma, en otro contexto y no era un misionero. Pero tiene toda la fuerza y reclamo de aquel primero. Lo dio Dionisio Otega Pankari, joven jefe de Montetoni, identificado con DNI Nº: 45278473. Tildado de “no contactado”, “aislado”, “calato”, “semi-contactado”, en el mes de mayo, en la Comunidad Nativa de Marankiato, ante representantes de INDEPA y de Pluspetrol, claramente indignado entre otras cosas les increpó: “yo no soy una huangana, soy un ser humano, una persona”.

Este grito concentra todos sus demás reclamos, junto a los de Eduardo Pankari Otega, de Marankiato, sobre sus derechos al reconocimiento de un territorio, a la educación, a la salud, a la ciudadanía y a la consulta previa a cualquier actividad extractiva en sus territorios.

Con lo que voy a contar a continuación quiero hacer eco de este importante grito que nos vociferan a todos los habitantes del río Camisea en la Reserva del Estado para los pueblos Nahua-Kugapakori, Nanti y otros.

David Martínez de Aguirre

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